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julio 26, 2017

¡Hola, hola! Hoy vengo a hablaros de algo que, sorprendentemente, apenas ha aparecido por mi blog, y digo sorprendentemente porque es una parte esencial de mi día a día, que se encuentra a la par que mis queridos, amados y adorados libros: los videojuegos. Pero no, no voy a hablaros de títulos en concreto (para eso tenéis mis artículos en AIM Gaming) sino de mi trayectoria en el mundo de los videojuegos. Cómo empecé, como seguí y cómo, por malas influencias, decidí apartarlos de mi vida. Así pues, ¡empezamos!

Comencé a jugar de prestado siendo una niña. Recuerdo muchas tardes en casa de una de mis mejores amigas del colegio jugando al Super Mario de la NES y otras tantas en casa de mi primo turnándonos para manejar al famoso erizo azul en su MegaDrive. Eran tiempo difíciles para una niña que estaba descubriendo este mundillo porque por aquel entonces no mucha gente tenía consola en su casa, yo incluida. Sin embargo, un día y de forma completamente inesperada, llegó la salvación en forma de Playstation gracias a mi abuelo paterno. Recuerdo que nos la regaló a mi hermana y a mí diciéndonos "esto le gusta mucho a los niños ahora así que tomad, para vosotras", y que junto a la consola nos dio también nuestro primer videojuego: uno de Mickey Mouse cuyo nombre ni siquiera recuerdo al que siguieron clásicos como Tarzán, Hércules, algún que otro juego de carreras y uno llamado Koudelka que me daba -aunque odie reconocerlo- auténtico terror.

Sin embargo, mi primer amor videojueguil llegó unos pocos años después. Por uno de mis cumpleaños mis tíos decidieron regalarme la que sería mi primera consola portátil, únicamente mía: una preciosa Game Boy Pocket amarilla. Con ella me lancé por primera vez en solitario por los mundos de Mario, viví mis primeras aventuras junto a Link y me convertí por primera vez en entrenadora Pokémon. Confieso que aunque más tarde la sustituyó su hermana mayor, Game Boy Advance con las primeras entregas de la maravillosa saga Golden Sun, siempre sentiré un cariño especial por esta chiquitina.

Los años fueron pasando mientras echaba mis horas con estas consolas y varios juegos de PC que fueron llegando cuando por fin llegó un ordenador a casa (alabados sean Los Sims, que tanto tiempo nos han mantenido a mi hermana y a mí pegadas a la pantalla). 

Sin embargo, empecé el instituto y con él los primeros comentarios despectivos en relación a esta afición. Era una chica que no sólo creaba rechazo físico por culpa de ciertos problemas de salud que me impedían hacer cosas tan simples como ponerme unos vaqueros, sino una chica a la que, además, le gustaban cosas raras por aquel entonces: el manga, el anime y sí, los videojuegos. Todo aquello me convirtió en la friki, y aunque por suerte estaba rodeada de un pequeño grupo de amigas que entendían e incluso compartían estas aficiones, los comentarios fueron haciendo mella en mí e, inconscientemente, empecé a dejar de lado esto que tanto me gustaba. "La friki fea", así oí a compañeros de clase referirse a mí cuando tenía apenas 15 años. Y yo, creyendo que realmente estaba mal que me gustase todo aquello, empecé a mantenerlo en secreto, a callármelo. Seguía echando de vez en cuando mis partidas, por aquel entonces al Ragnarok online, juego del que guardo muy buenos recuerdos, pero lo hacía intentando que nadie lo supiese, como si jugar a un videojuego fuese algo de lo que avergonzarse

Una vez salí del instituto, me encontré sola en una FP donde ya no éramos mis amigas y yo, un grupito de frikis que a pesar de todo se tenían las unas a las otras. Ahora era yo la única rara, la única friki, y por miedo a que se repitiera el ciclo hice lo peor que podría haber hecho por mí misma, pero que en aquel momento sentí que era lo correcto, lo único que podía hacer para protegerme: borré los videojuegos de mi vida. Me convertí en una chica gris, que olvidó una de sus grandes pasiones por miedo. Recuerdo esa etapa como si viviese una vida que no era mía, una vida que no me llenaba y a a la que le faltaba algo pero no sabía qué. Había desarrollado un sistema de defensa que me hacía mirar a otro lado cuando alguien hablaba de su videojuego favorito, o que aceleraba el paso cada vez que una tienda de videojuegos se cruzaba en su camino. "No, no me gustan los videojuegos", me repetía a mí misma cada vez que salía el tema, "eso no es para mí". Me equivocaba.

Llegados a la universidad me di cuenta de que realmente no importaba cuáles fueran tus aficiones y tus gustos: si alguien quiere meterse contigo, lo hará igual. Así fue como, aunque intentara ser lo más "normal" posible, seguí recibiendo insultos e incluso amenazas, esta vez por el simple hecho de estudiar. Unas pocas chicas y yo nos convertimos en el blanco de toda la clase por ir a la universidad  y tomar apuntes, estudiar y aprender (vaya, ¡y yo que pensaba que estaba para eso!), hasta el punto de que llegué a sentir auténtico miedo de ciertas personas. Por todo ello, al terminar el primer año de carrera tomé una de las mejores decisiones de mi vida: me cambié de grado. 

Decidí empezar de cero en una nueva carrera con nuevos compañeros. Sí, puede dar la impresión de que huí de aquel infierno, pero no me importa parecer una cobarde. Busqué sobrevivir y lo conseguí. En esta nueva carrera conocí a un grupo de gente estupenda, gente diferente entre sí que no juzgaba a los demás por sus gustos o su forma de ser. Te aceptaban tal y como eras, y gracias a ellos y a ciertos profesionales a los que me vi obligada a recurrir, poco a poco fui redescubriéndome a mí misma. Me reencontré con esa Sara que disfrutaba pasando horas explorando nuevos mundos a través de una pantalla. Me di cuenta de que me había desprendido de una parte esencial de mi persona por el camino. Yo era Sara, una chica que disfruta leyendo, escribiendo, riendo con sus amigos, haciendo fotografías y, sí, jugando a videojuegos. Sin alguno de esos elementos estaba incompleta.

Así fue como, poco a poco, comencé a reconstruirme. Me gustaban mucho los videojuegos, muchísimo, y no debía avergonzarme de ello. Quien los utilizara como arma contra mí sólo merecía una mirada de lástima por mi parte, lástima por ver cómo su única satisfacción consiste en destruir las ilusiones de los demás.

Y así, tras -no os voy a mentir- varios años de mucho esfuerzo por volver a ser yo, llegamos a la Sara que escribe estas letras, una Sara que se arrepiente de haber cedido a los insultos y amenazas de personas vacías, una Sara que lamenta todos estos años que podría haber disfrutado jugando y que decidió invertir en camuflarse entre los demás, una Sara que no sólo no se avergüenza de su afición, sino que se enorgullece de ella. Adoro los videojuegos, tanto que me planteo intentar un futuro profesional ligado a ellos. Son un imprescindible en mi vida, un algo sin el que mi existencia es gris y vacía. Los necesito igual que mis letras, porque son estas dos pasiones las que me regalan la ilusión por el día a día. 

¿Y por qué os cuento todo esto en una entrada sobre mi trayectoria como jugadora? Porque quiero transmitiros un mensaje: nunca dejéis de lado algo que os apasiona. Sé que a veces parece que dejarlo a un lado te evitará problemas, que te hará la vida más fácil, y puede que sea así, pero será una vida sin color. 

Las pasiones hay que mimarlas, cuidarlas, conservarlas como un tesoro, porque son ellas las que nos dan las ganas de vivir.

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12 comentarios

  1. Comienzo este comentario con un abrazo muy fuerte, Sara.
    Como amante de lo videojuegos, la escritura, la lectura, estudiar, todavía a mis 28 años sigo recibiendo comentarios despectivos -dentro de mi propia familia-. Es como una costumbre, una voz en el fondo de tu cabeza a la que todo lo que eres le parece mal.
    También era jugadora de prestado, cuando iba de visita a casa de conocidos de mis padres y jugaba a Crash Bandicoot. Tuve mi primera consola a los 16 años, también fue cuando tuve mis primeros libros. Ahí fue cuando los comentarios despectivos empeoraron. Pero, ¿qué podía hacer? Era lo único con lo que podía huir de la realidad.
    Me alegro mucho de que hayas vuelto a salir de ese cascarón con el que te protegías y vuelvas a ser tú un día sí y otro también.
    Un abrazo muy fuerte para cerrar este comentario y una postdata: Siempre es genial leerte.
    Sarah

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    1. Ay, Sarah, siento muchísimo que hayas tenido que vivir esa experiencia también. Ver como critican tus gustos, como incluso se ríen de ellos, no es nada agradable. Me alegra que al menos a ti no te haya influido para dejar aquello que tanto te gusta de lado, porque por muy correcta que creas que es esa decisión es en realidad un error, ya que acabas sintiéndote vacía por dentro.
      Muchas gracias por tu comentario y por contarme tu experiencia, de verdad. Y muchas, muchísimas gracias por tus palabras. Que digan que gusta leerme es lo más bonito que se me podría decir.

      Gracias, gracias, gracias <3

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  2. Te sigo desde hace tiempo y no me he lanzado a comentar hasta hoy.


    Quiero darte las gracias por haber contado tu historia, Como te has enfrentado a tantas críticas y al fin y al cabo has seguido hacia delante. Me has transmitido una motivación inmensa por seguir haciendo lo que quiero porque como has comentado hagas lo que hagas te lo criticarán. Gracias y esperando ansioso el siguiente post.

    Un fortísimo abrazo!
    Yanel.

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    1. En primer lugar, ¡muchas gracias por seguirme y por comentar! Me ha hecho mucha ilusión saber que alguien disfruta con mis letras y que lleva tiempo leyéndome :)
      La verdad es que tu comentario me ha sacado una sonrisa, porque no soporto que la gente tenga que dejar de lado aquello que le encanta por culpa de los demás. Si he conseguido transmitirte aunque sea un poquito de fuerza, un poco de determinación para seguir con aquello que te apasiona, me doy por satisfecha.

      Muchas, muchísimas gracias por pasarte y comentar. Te lo agradezco muchísimo ^^

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  3. Creo que, a cada entrada que escribes, te digo algo así como "ha sido mi entrada favorita". PERO ES QUE HA SIDO MI ENTRADA FAVORITA. No tengo la culpa de que a cada paso que das te superas más y más a ti misma. Debería estar acostumbrada a saber lo mucho que tenemos en común, lo mucho que me inspiras y lo muy mucho que me gusta tu manera de escribir. Pero es que con esta entrada has alcanzado un nuevo nivel y he llegado a releerla por PLACER. Me siento irremediablemente identificada contigo, con esa pasión que nació desde que era una cría y con esos juicios e insultos que recibía por disfrutar (sin hacer daño a nadie) de mis videojuegos. De ser friki. Es algo que los chicos frikis también sufrían (y más si tenían "complexión" friki de gafas y tal) pero es que, ¿las mujeres? ¿HOLA? Es como si fuese todavía más "raro" e "incomprensible" que nos gustasen los videojuegos. PUTA SOCIEDAD. Y putos los que te hicieron daño, ojalá hacerlos carne picada para rellenar mis croquetas. En fin, que TE ADORO y que, por favor, sigue escribiendo por aquí porque me das LA VIDA.

    A B R A Z O

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    1. Leí por primera vez tu comentario cuando llegó a mi buzón de entrada vía mail, y ya entonces se me dibujó una sonrisa al leerte y sentí unas ganas enormes de achucharte, pero es que ahora NECESITO achucharte porque releerte, volver a leer estas palabras tan bonitas que me dedicas, hace que te quiera tener bien cerquita para decirte lo mucho que te quiero y lo afortunada que soy de poder llamarme tu amiga. Me das fuerzas para seguir adelante, espero que seas consciente de ello, y no sólo cuando estoy triste. Llegas y es como si todo se iluminara y me restauraras la barrita de salud al máximo (¿friki de los videojuegos yo? ¡Qué va!)
      Nunca se nos debería haber criticado por hacer aquello que nos gustaba y el que mayor daño que hacía era frustrarnos cuando nos mataba algún final boss. Deberíamos haber podido disfrutar al máximo de nuestra afición, y menos mal que fuiste fuerte y te mantuviste firma ante los comentarios, porque la Noe friki, esa Noe que disfruta con sus juegos de Nintendo y que tanta envidia me daba con el Zelda, es una Noe que adoro (aunque te digo, si esa faceta tuya te seguiría adorando igual)

      Gracias por pasarte, por comentar, por ser tú y por dejarme un hueco en tu vida. Gracias, gracias, GRACIAS.

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  4. Ya sabes que nunca he sido de videojuegos. A día de hoy no entiendo cómo os pueden gustar tantísimo, hasta esos niveles, pero también sé que si hace feliz a la gente, si te hace feliz a ti y, en muchas ocasiones, os ayuda salvaros de la realidad y afrontarla con más fuerza y tesón, no sólo no apruebo que juegues, si no que me siento feliz por haber jugado contigo al Zelda, y que me hayas hecho parte de tu mundo cuando no tenías por qué.
    Yo nunca he sufrido acoso en se sentido, a pesar de haber tenido mis venas frikis (a mí me gustaba el anime: Digimon, Pokémon, Nana, en realidad nunca he dejado de tener un algo friki, porque siempre ha habido algo que me ha llamado mucho la atención y que lo he hecho mío.), pero nunca he entendido, y nunca entenderé, a la gente que hace infeliz a otra gente sólo porque haya algo que le apasione. Eso se llama tener poco cerebro, mucha boca y tiempo libre, además de tener un alto grado de inseguridad alucinante, porque seguro que ellos se morían por tener vuestras conversaciones. La envidia es atroz.

    Me alegra saber que, no sólo ganaste con el cambio, también te hiciste ver que no hay que sobrecogerse por los demás, que si algo te apasiona, es así, es como cuando un color te gusta o ¡con la casa de Hogwarts a la que perteneces! Es así, no hay más. Así que me alegra ver que no tiraste la toalla, y que te antepusiste a los demás -de nuevo, muestra de tu gran fuerza y fortaleza.- para hacer lo que de verdad te gustaba.

    Un abrazo fuerte,
    y CONTROL+G para guardar esta entrada y enseñártela cuando no dentro de mucho me digas que no escribes bien o que no eres fuerte. Esto demuestra que no sólo eres ambas cosas, si no que además lo llevas siendo desde siempre.

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    1. Gracias a ti por querer asomarte un poco más a mi mundillo y querer que te lleve de la mano por él. Me hace mucha, muchísima ilusión poder jugar contigo y enseñarte mis juegos favoritos, o compartir la emoción por encender por primera vez una nueva consola. Para mí esos momentos son muy especiales, y son pocas las personas con las que querría compartirlos, pero tú eres una de ella.
      Me alegro trillones de que tú no hayas tenido que sufrir este tipo de comentarios despectivos sin razón (¿porque qué razón podrían tener? Ninguna) Son hirientes y a mis veintimuchos años sigo sin entender qué gana una persona metiéndose de esa manera con algo que no sólo gusta a otros, sino que les entusiasma, que les hace disfrutar de ello, que les hace sentirse vivos. Es triste decirlo, pero hay personas que dan auténtico asco, y quien hace esto, quien se encarga de destrozar así las ilusiones de los demás, es una de ellas.
      Pero no, por suerte yo no tiré la toalla y decidí (aunque quizá demasiado tarde) que esta gente no merecía la pena. ¡Y cómo me alegro por ello! Porque sino no sería la Sara que soy a día de hoy, y esta Sara es una persona con la que me gusta convivir. Esta Sara me gusta. Me gusto siendo así, y nadie volverá a hacerme pensar lo contrario.

      Muchísimas gracias por pasarte, leer y comentar, como haces siempre. Tus comentarios me dibujan una sonrisa gigante, espero que seas consciente de ello. Te mando un abrazo enorme, gigante, tanto como lo eres tú, porque eres una amiga increíble :)

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  5. Me parece súper valiente que hables de esto con tanta sinceridad y que además dieras el paso de cambiar de carrera: no es una decisión cobarde sino la más saludable cuando tu entorno es tóxico, estoy muy feliz por ti aunque no te conozca mucho. Cuando era pequeña también me gustaban los videojuegos pero al crecer me pasó igual que muchas otras chicas y lo fui dejando completamente por mil motivos, entre ellos las convenciones sociales quizás. Últimamente me planteo darle una segunda oportunidad y no cerrarme en banda a este mundo porque tienes razón: puede ser tan maravilloso y artístico como la literatura y la fotografía. Completamente de acuerdo con tu último párrafo: hay que cuidar lo que nos apasiona y además no tener prejuicios a la hora de buscar aficiones nuevas.
    ¡Un besazo!

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    1. No te voy a mentir: fue una decisión difícil, especialmente porque ello trajo consigo comentarios bastante duros de algunas de las compañeras que dejaba atrás, que sentían que las estaba abandonando. Sin embargo, a día de hoy sigo creyendo que tomé la decisión acertada. Si hubiese seguido allí, si hubiese permitido que aquella situación se alargase en el tiempo, no sería la Sara que soy a día de hoy, una Sara que se gusta a sí misma, sino una versión triste y hecha pedazos de lo que un día llegué a ser.
      Es triste ver que algunas personas se creen con derecho a meterse en la vida de los demás y criticar lo que hacen asegurando que su criterio es el único válido. Siento que tú te toparas con este tópico de "los videojuegos son cosa de chicos" y que por ello los apartaras un poco de tu vida. Espero que si finalmente te decides a darles esa segunda oportunidad los disfrutes muchísimo, porque hay tanto donde elegir que estoy segura encontrarás el videojuego ideal para ti.

      Muchas gracias por pasarte y comentar. ¡Un abrazo enorme!

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  6. Ayyy... me ha gustado mucho este post. Cómo has enfocado el tema de los videojuegos no centrándote en ellos sino contándonos tu inmersión en ese mundillo. ^^ Ha quedado claro una vez más que la gente puede llegar a ser MUY cruel por cosas totalmente normales, como es que te guste hacer algo, que tengas una afición.

    Lo "gracioso" es que ahora parece que se está poniendo de moda ser gamer y el mundo geek y esas cosas me ponen muy nerviosa... >< En fin, que me voy del tema, jaja. Que estoy totalmente de acuerdo en todo lo que dices al final, que las aficiones hay que mimarlas y conservarlas porque al fin y al cabo son las que te hacen ser quien eres.

    Yo por ejemplo hace unos años jugaba a muchos juegos de pc, de aventura gráfica, me metía a steam y echaba la tarde, y ahora que he perdido un poco esa costumbre la echo de menos. Así que me prometo a mi misma retomarla de vez en cuando, porque me lo pasaba genial, la verdad. :)

    ¡Un besote!

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    1. A veces las personas se encuentran tan vacías por dentro que tienen que llenarse a sí mismas quitandole la ilusión a los demás, es la única explicación que veo a semejante comportamiento, porque sino no entiendo el por qué de ir a hacer daño con algo que únicamente hace disfrutar a los demás. Si no haces daño a nadie, nadie debería juzgarte.
      Y sí, lo más gracioso de todo (y que yo he podido confirmar con mis propios ojos) es que algunas de esas personas que se dedicaron a criticar este gusto en particular ahora aseguran ser unos "true gamers". Patético. Pero los hay que personalidad, poca. En realidad dan un poco de lástima y todo, porque nunca conseguirán disfrutar realmente de algo.
      Espero que puedas volver a disfrutar de esta afición, porque es un mundo tan inmenso que difícilmente alguien no encontrará un juego perfecto para él. ¡Espero que disfrutes mucho de ellos!

      Un abrazo enorme, ¡y muchísimas gracias por pasarte y comentar!

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