Prohibido estar triste

abril 03, 2017

¡Hola, hola! Desde hace unos días tengo algo en mente sobre lo que me gustaría escribir. Hace poco pasé un tiempo muy triste y me di cuenta de que, inconscientemente, lo ocultaba. Me sentía apenada, sin fuerzas, incluso con ganas de llorar, pero en lugar de compartirlo con mi gente lo que hice fue esconder este sentimiento. Y entonces me pregunté, ¿por qué hacemos esto? ¿Por qué los seres humanos no dudamos en decir cuando estamos felices, pero evitamos que los demás sepan de nuestra tristeza? 

Vivimos en un mundo en el que parece que esté prohibido estar triste, mientras que cualquier otra emoción está permitida. No dudamos en reír, en emocionarnos frente a los demás, incluso lloramos de alegría si es necesario, pero contenemos nuestra tristeza como si sentirse así fuese un error. Sin embargo, el error es pensar que debemos ocultarlo. 


No hace mucho una psicóloga me contó que el ser humano, inconscientemente, esconde la tristeza porque en la sociedad actual prima la idea de perfección. Tanto en nuestra vida social, como en el trabajo o en los estudios, e incluso en las redes sociales, se espera que mostremos una vida ideal, que todo lo que enseñemos sea bueno, sin problemas, una vida que cualquier otro querría tener. Es la idea sobre la que gira la sociedad de la imagen. Por ello, cuando una persona no encaja dentro de ese patrón predeterminado se oculta de los demás, porque en un mundo donde todos deben ser perfectos, no se permite estar triste. Sentirse triste se entiende como algo incorrecto, como una tara en la persona, y expresarlo, como un intento de llamar la atención que la gente interpreta negativamente, con rechazo.

No puedes estar triste. Tienes que animarte, tienes que olvidarte de que te sientes así. No llores, sonríe y sé feliz. 

Pero, ¿qué pasa si no queremos? ¿Qué pasa si lo que más nos apetece es llorar, gritar cómo nos sentimos, contar que hay algo que nos carcome por dentro? Estar triste es necesario, del mismo modo que lo es estar contento o enfadado. La tristeza es una emoción intrínseca del ser humano, es algo incluido en nuestra propia naturaleza. No podemos omitir la tristeza del mismo modo que no omitimos la alegría.

Debemos asumir que sin la tristeza no existiría la alegría, que ambas son complementarias y necesarias (recomiendo en relación a este tema la película de animación Inside Out, que además de ser preciosa muestra muy bien esta idea) 

Ambas emociones deben exteriorizarse para evitar que ocupen en nuestro interior el lugar que le corresponde a otra. Si no mostramos nuestra tristeza, si no la dejamos escapar, acabará expandiéndose como un virus, hasta que llegue un punto en el que seamos incapaces de sentir nada más (lo cual, todo sea dicho, puede desembocar en una de las mayores y más extendidas enfermedades de este nuevo siglo: la depresión)

Es por ello que voy a terminar esta entrada con una petición hacia a ti, que por "x" o por "y" has acabado leyendo estas líneas: si estás triste, dilo. No lo ocultes nunca, pues por contradictorio que parezca, eso será lo que te ayude a ser, con el tiempo, feliz.

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4 comentarios

  1. No pocas veces durante mi etapa del instituto (in fact, el 80% del tiempo), e incluso muchos días de cuando la universidad, amanecía con esa sombría sensación de tristeza y me decía a mi mismo: "...aquí vamos de nuevo". Durante el resto de la jornada de aquellos días grises tendría que ahogar muchos suspiros y componer muchas veces la cara cuidando de que mis pensamientos no se reflejaran, ni de coña, en mi semblante. Y es que la menor muestra de debilidad suele bastar para que todo se vaya a la mierda. Pues mucha gente vive solamente para fastidiar al prójimo y tener pinta de penas pringao es para ellos un hallazgo afortunado. Se dedicaràn con verdadero ahínco a burlarse de tì en todos los niveles. Creo que la falta de teología y geometría es brutal en esas personas. En fin. Yo no se cómo los demás lo logran (o sì, pero malpienso que usando toneladas de hipocresía y lameloìdismo para paliar sus ansias por encajar en algo a base de andar con alguien sumado a la firme idea de que tener una agenda llena de nombres servirá para que a posteriori estos te paguen por tus monerías y risas falsas), pero yo nunca he encontrado a un amigo fiel, esa figura idílica que tan artera y orteramente nos tratan de pintar en todos los cuentos infantiles y películas cursis holywoodenses y con la que se supone tendrías que sincerarte y contarles tus mierdas màs guarras. Por aquel entonces, ya a mis 16 años, descubrì e intuí que el alcohol formaría una parte integral de mi base piramidal de Maslow. Era (soy) un paria social que gustaba de la lectura del llamado realismo sucio y de la ciencia ficción màs onanista que le daba por escribir relatos cutres incluso dentro de clases. Vamos, un clichè, dentro de un clichè, ja! Creo que el alcohol es y lo será por los siglos de los siglos, el lubricante social por excelencia. Pero bueh, el caso es que habèmos tipos de tintes depresivos que a veces (por mucho que lo quieras controlar o medicar) nos da por sumirnos en densos periodos de oscurantismo-maquiavèlico-renacentista. O no estar en vena, dicho de otra forma. Ojalà que tu nunca llegues a caer en el dilema Hemingway y que encuentres la alegría que se supone es tener un o una camarada que junto a ti te ayude a soportar la inexorablemente catastrófica expansión del universo.

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  2. Ya te comenté que me parece una muy buena entrada porque vivimos en la sociedad de la felicidad forzada, y eso al final nos provoca un malestar mayor del que debería. A mí una vez me lo dijo la doctora, hablando de todo un poco, me comentó que somos la sociedad de la pastillita, que todo lo quiere solucionar con una simple pastilla, que debemos de ser felices con sólo tomarnos una antes de dormir, y no es cierto. No deberían de meternos en la cabeza la idea de que la tristeza es un mal mayor, cuando es igual que la alegría, debe de estar en su justa medida para poder disfrutar de la vida, no hay más. Además, muchas veces, que haya tristeza implica que hubo felicidad, es decir, la nostalgia es tristeza por las cosas que fueron, por las cosas felices, si no fuésemos tristes, nunca podríamos llegar a ser felices. Y eso, como dices, se ve muy bien en Inside Out, de hecho es una película que siempre recomendaré, me aburrió un poco -todo hay que decirlo.- pero la volvería a ver sólo por cómo de bien muestran esa necesidad de tristeza, rompiendo con todo lo que nos enseñan.

    Gracias por traernos entradas así de reflexivas, me encantan.

    Abrazos cálidos.

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  3. "No hace mucho una psicóloga me contó que el ser humano, inconscientemente, esconde la tristeza porque en la sociedad actual prima la idea de perfección. Tanto en nuestra vida social, como en el trabajo o en los estudios, e incluso en las redes sociales, se espera que mostremos una vida ideal, que todo lo que enseñemos sea bueno, sin problemas, una vida que cualquier otro querría tener. Es la idea sobre la que gira la sociedad de la imagen. Por ello, cuando una persona no encaja dentro de ese patrón predeterminado se oculta de los demás, porque en un mundo donde todos deben ser perfectos, no se permite estar triste. Sentirse triste se entiende como algo incorrecto, como una tara en la persona, y expresarlo, como un intento de llamar la atención que la gente interpreta negativamente, con rechazo."

    Me he enamorado TANTO de ese párrafo. Subrayo cada palabra, es perfecto. Gracias por traernos reflexiones y verdades así. Yo también peco mucho de ocultar sentimientos negativos (tristeza, frustración, decepción...) por el qué dirán. A veces pienso que si estoy triste y lo expreso pensarán de mí que "intento llamar la atención". Y ya basta, basta de preocuparnos por el qué dirán y sobre todo basta de coaccionarnos para intentar ser perfectos. Ya somos perfectos con nuestras imperfecciones.

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  4. Estoy totalmente de acuerdo con la psicóloga con la que hablaste. Ojalá fuese tan fácil. Supongo que poco a poco, y depende en gran medida de las personas de las que te rodees.

    Gracias por escribir esta entrada. De nuevo, lo has bordado.

    Aida.

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