Mi experiencia en la UIMP

julio 14, 2015

¡Por fin vacaciones! Sí, sé que para muchos esta frase llega con algo de retraso, pero os seré sincera: desde finales de abril me he dedicado a estudiar hasta que, en julio, por fin pude ser libre. Sin embargo, nada más terminar mi tercer año de carrera (¡tercero ya!) me tocó coger un autocar con destino a Santander para realizar un curso intensivo. En resumen: hasta ahora no he parado y por fin siento que tengo tiempo para mí y, por tanto, para sentarme a escribir en el blog. ¡No os hacéis una idea de las ganas que tenía!

Hoy vengo a hablaros, precisamente, de este curso que he tenido la oportunidad de hacer: el curso de inmersión lingüística en lengua inglesa de la UIMP.


Se trata de un curso de una semana en la que, prácticamente, cambias de idioma. Das clases en inglés (de inglés, por supuesto), haces actividades en inglés, hablas con la gente en inglés, ¡hasta en la comida hay personas que se dedican a darte conversación en inglés! Es como vivir en el extranjero pero en tu propio país. 

Os seré sincera, antes de ir hacia Santander (la sede de la UIMP donde yo escogí hacer el curso) estaba realmente aterrorizada. Me asustaba muchísimo enfrentarme a un entorno tan diferente al mío, ya no sólo por estar sola lejos de mi ciudad, sino porque nunca he considerado que tenga un buen nivel de inglés y me preocupaba muchísimo no estar a la altura. En resumen, no quería salir de mi zona de confort, pero menos mal que lo hice.

Nada más llegar allí quedé encantada por algo tan simple como el aire fresco que soplaba junto al mar y los paisajes tan verdes que rodeaban los caminos. ¡Qué diferencia con la calurosa Madrid! Había días en los que debía llevar incluso medias y sudadera, algo que no recuerdo haber vivido nunca en julio.



Lo siguiente que me sorprendió fueron las instalaciones. Todo verde, todo nuevo, todo limpio. Mi habitación estaba casi a estrenar, lo que fue una auténtica gozada. Si de algo me quejaría es de que en los aularios hacía demasiado frío (¡en julio!) Pero, repito, me llevé una gran sorpresa para bien.

Ahora bien, pasaré a contaros mi experiencia durante las clases, que imagino es lo que más interesará a la gente a la que le llame la atención este intensivo. Ha sido duro, no os voy a mentir.

· 8.30-14.30: Clases matutinas de vocabulario y expresión oral con dos profesores diferentes (en mi caso, uno procedente de Londres y otro de Newcastle), lo cual ayuda a que se te acostumbre el oído a diferentes acentos. Aunque allí te dan un libro de texto para seguir las clases, prácticamente todo el contenido de las mismas era oral, lo cual las hacía muy dinámicas. 

· 14.30-15.30: Almuerzo junto a un auxiliar de conversación. Durante toda la comida esta persona (a veces un profesor, a veces estudiantes del programa de Español para extranjeros que colaboraban con la universidad) se dedicaba a buscar temas de conversación para que pudieses practicar el idioma en un ambiente más desenfadado. Como en el caso anterior, podías encontrarte gente de cualquier nacionalidad. Lo curioso es ver cómo, aquellos que estaban allí para aprender español, intentaban conocer un poco más del idioma a través de nosotros. Todo un intercambio de idiomas.

· 15.30-17.30: Clases de expresión oral (y, en mi caso, exposiciones varias) junto a un nuevo profesor. Para esta franja horaria me tocó una profesora canadiense, si no recuerdo mal, que además de tener una pronunciación excelente era toda una apasionada de la cultura japonesa y había visitado varias veces el país. De vez en cuando hablaba sobre cosas relacionadas con Japón y claro, yo la escuchaba embelesada sin apenas darme cuenta de que lo que me estaba contando no lo hacía en mi idioma.

· 17.30-18.00: Clases de One to one. Consistían en conversaciones privadas de 15 minutos con una persona de habla inglesa en las que te corregían todos tus errores. Vosotros diréis, ¿15 minutos? ¡Qué poco! Creedme si os digo que llegaba un momento en el que ya no sabía ni qué decir.

· 18.00-20.30: Actividades fuera del aula. No era obligatorio realizar todas las programadas, pero sí tenías que haber hecho dos al final de la semana para recibir el certificado de Apto en el curso. En mi caso, asistí a tres de ellas: visita guiada por el centro de la ciudad, clase de kendo en el campus (decir que adoré esta actividad es quedarse corto) y visita al Palacio de la Magdalena (o Muffin Palace, como todos lo acabamos "rebautizando") con picnic en el campo después.

· 20.30-22.00: Cena con los auxiliares de conversación. De nuevo toca practicar el idioma.

A estas alturas del día, como comprenderéis, ya estaba bastante harta de tanto inglés, ¡pero la cosa no acababa aquí! Y es que todos los días al menos dos de cada tres profesores mandaban deberes para sus correspondientes clases, lo que se traducía en estar haciendo tareas hasta tarde.


Aun así os confesaré que para todo se saca tiempo, y entre tanto estudio conseguí pasar muy buenos momentos junto a mis compañeros de curso (sacrificando, eso sí, varias horas de sueño) Y es que si por algo repetiría esta experiencia es precisamente por esto, la gente. Para mí, las noches jugando a las cartas hasta las tantas, las risas durante los descansos o las charlas en el porche del pabellón 3, son el mejor recuerdo que guardo de estos días, sin olvidarnos de la maravillosa fiesta de despedida del último día en la que se me escapó alguna que otra lagrimita. Y es que aunque tuve la suerte de que mi compañera de habitación era también de Madrid (porque es un auténtico encanto de chica con la que conecté enseguida), la mayoría de personas con las que más risas compartí son de otras partes del país. Despedirme de ellas me resultó demasiado triste y, sinceramente, espero poder volver a verles pronto porque se ha formado un grupo maravilloso durante los días que ha durado esta experiencia.

En resumen: ¿Repetiría? Sí. ¿Lo recomendaría? Sin dudarlo. Aunque os dé miedo, aunque no os sintáis capaces de ello, si tenéis la oportunidad de asistir no lo dudéis ni un instante. El miedo que pueda dar enfrentarse a esta nueva experiencia no compensa la cantidad de cosas buenas con las que he vuelto a Madrid.

¡Ah! Y también se aprende inglés, mucho inglés. Creedme ;)



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3 comentarios

  1. Había oído hablar muy por encima de estos cursos de inmersión lingüística, pero no conocía la experiencia (sobre todo tan detallada) de alguien, y te juro que me sirve y me servirá. Cada vez me veo más inútil para los idiomas (incluso para los que sé, entre ellos el inglés) y sé que una experiencia así me serviría, pero siempre he pensado que no estaría a la altura y que me moriría de soledad y vergüenza allí. Pero leerte me ha hecho convencerme un poquito más y me han entrado hasta ganas. ><

    Me alegro de que te lo pasaras muy bien y de nuevo: gracias por compartir la experiencia.

    Un abrazo.

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  2. Wow, suena como una experiencia a lo grande, y me ha dado miedo. Pero como decís vos, se nota que vale muchísimo la pena!
    Soy nueva en tu blog y me ha encantado así que te sigo :) estoy encontrando blogs fabulosos últimamente y este es uno de ellos.
    Un beso grande!!

    S.

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  3. Si ya tenía ganas de hacer algo parecido tu las has aumentado con creces. Desde hace un par de años siempre he querido ir a uno de estos campamentos, no sólo de inglés, también de otro idioma, pero siempre he tenido miedo de (admito que mi inglés es bastante básico), quedarme sola porque no se expresarme con total fluidez en inglés, pero leyéndote me han dado ganas de echarle un par de huevos, de quitarme los miedos y decirme ¿por qué no? A ver si me animo el año que viene :)

    Estupenda entrada, Sarah, me encantan ( y me encantas)
    abrazo enormes.

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