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Bon dia, Barcelona!

febrero 03, 2018

¡Hola, hola! Hoy traigo al blog una entrada muy especial que querría haber dejado caer por aquí hace tiempo, pero ya se sabe, la vida. El pasado mes de enero ha sido difícil, muy difícil. Ha estado lleno de altibajos (menos altis y más bajos), pero entre todos ellos hay una experiencia que destaca. Este enero, por fin, he ido a Barcelona.

Este viaje empezó, en realidad, el pasado mes de septiembre, cuando después de despedir en Atocha a la pareja más adorable del mundo me prometí a mí misma (y a Noe) que la próxima vez que nos viésemos sería en su tierra natal. Como he dicho, en un principio mi viaje sería en noviembre pero ¡ups!, se terminó mi contrato, por lo que se avecinaba un futuro sin ingresos y unas navidades que iban a dejar mi cuenta corriente a cero. Por ese motivo, y con todo el dolor de mi corazón, el viaje se pospuso. Sin embargo, pocas semanas después el destino se apiadó de mí y me llamaron para hacer unas prácticas remuneradas así que, viendo que no iba a caer en la más absoluta pobreza como creía, compré los billetes en cuanto cobré. ¡Próxima parada: Barcelona!

Los otros inquilinos del piso de Noe. ¿Verdad que son adorables?
Esto nos lleva directamente a enero. Se fueron las navidades y llegó la vuelta a la rutina, y con ella mi pequeña escapada de fin de semana. ¡Por fin! Tenía muchas, muchísimas ganas de conocer la ciudad y, sobre todo, de volver a ver a mi rubia favorita, así que maleta en mano y con los nervios a flor de piel -y varios mensajes de Noe suplicándome que no perdiera el tren- me dirigí a Atocha. Y sí, a pesar de los miedos de mis padres y de la propia Noe, que conocen demasiado bien lo despistada que puedo llegar a ser, llegué sana y salva a Barcelona.

La primera noche fue fugaz. Llegué a Sants pasadas las once, así que apenas nos quedó tiempo para un reencuentro repleto de achuchones y unas pocas horas de charlas entre risas en el piso de Noe y À. (que es una auténtica preciosidad. La tentación de mudarme a su sofá para siempre fue muy, muy grande). Sin embargo, pronto nos fuimos a la cama, ya que había que reponer fuerzas para lo que nos esperaba al día siguiente: nuestra soñada sesión de shopping. Porque sí, puede que a algunos os suene extraño, pero una de las cosas que más ganas teníamos de hacer Noe y yo era entrar en tiendas, comentar los productos que veíamos y tentarnos la una a la otra para que nuestras respectivas tarjetas de crédito nos acabasen odiando. Así que, después de desayunar en pijama viendo Friends y sorprenderla con unos pocos regalos de cumpleaños, fuimos a la aventura.

Dedicaré la próxima entrada a enseñaros el resultado de esa mañana de compras, así que haré un salto temporal en esta entrada hasta ese mismo mediodía, cuando después de recorrer dos centros comerciales nos reunimos con À. para ir a comer a uno de los restaurantes favoritos de mis dos anfitriones, Mussol. ¿El menú del día? Un poco de pan tumaca, unas costillas de cerdo y el paraíso hecho postre: tarta de queso con base de oreo. Sin duda, tiene merecidísimo ser uno de sus lugares favoritos.

Oh my god, la tarta. Os prometo que pocas cosas he probado más ricas que esa delicia.
La tarde siguió con una caminata por la ciudad, pasando por la Torre Abgar y otros edificios bastante curiosos arquitectónicamente hablando, para llegar al famoso Arco del triunfo de Barcelona y, por último, a la meca de los otakus y gamers catalanes y una tienda que tenía ganas de visitar desde hace años: la famosa Norma Comics.

Las fotografías de Norma Comics son todas de Noe porque, lo confieso, estaba tan embelesada observando cada rincón de la tienda que me olvidé completamente de sacar el móvil y hacer mis propias fotos. Era como estar en un sueño. Podría haberme llevado media tienda si no fuera porque ya había arrasado suficiente esa misma mañana.


Tras ese agotador día de compras y paseo por la ciudad (Noe me enseñó la cantidad de kilómetros que habíamos recorrido y creedme, mis pies se quejaban con motivo) terminamos el día con videojuegos, pizza y monólogos en la televisión por culpa de los cuales, lo prometo, acabé llorando de risa, y juraría que a À. le faltó poco para acompañarme. Sin embargo, mi momento favorito del viaje llegó esa misma noche, cuando estando ya todos en pijama y con la lluvia cayendo sobre Barcelona, empezamos a hacer el tonto con el móvil de Noe durante horas. Reímos tanto y durante tanto tiempo mientras nos hacíamos fotos y vídeos sobre su cama, que para mí esas horas se convirtieron en el claro reflejo de lo que estaba siendo ese viaje: el estar con una amiga que ya siento como si conociese de toda la vida

Y así, entre filtros de animales y bocas enormes, directos de instagram y muchos vídeos que ahora guardo con cariño en mi ordenador, terminaron mis primeras 24 horas en Barcelona.

Mientras que el sábado fue el día de las compras, el domingo fue el día dedicado al turismo. Comenzamos lo que sería una larga, larga caminata dirigiéndonos a unos de los edificios más característicos de Barcelona, la Casa Milá y la Casa Gaudi. Yo, como buena guiri en Barcelona, quedé fascinada con las formas que presentaban las fachadas de ambos edificios, con extrañas y retorcidas figuras en sus terrazas y, especialmente en la segunda, colores que hacían que quisiese hacerles una y mil fotos.


Seguimos caminando hacia nuestra próxima parada, Plaza Catalunya, y aunque Noe me había avisado de antemano no pude evitar sorprenderme cuando llegamos y vimos tantísimas... ¡Palomas! La plaza estaba repleta de ellas, absolutamente llena. Ni mi querida Plaza Mayor en sus mejores días, y para muestra alguna de las fotos que tomé entonces. De verdad, había tantas que sentí el impulso de correr hacia ellas como cuando era niña (aunque no lo hice... Por poco).


Pasada la plaza nos dirigimos a, quizá, una de las zonas más representativas de Barcelona: las Ramblas. Si os soy sincera, esperaba una calle repleta de gente con la que te chocabas al intentar dar un solo paso, pero me sorprendió un paseo con algunos puestos y gente caminando. Nada de agobios, nada de multitudes (uno de mis grandes enemigos),  lo que hizo que el camino se hiciese muy ameno. Noe me aseguró que normalmente no suele estar así, supongo que Barcelona quería ponerse bella para mí, para que tuviese ganas de volver cuanto antes. Aun así, por si acaso, nos detuvimos un momento para que bebiese de la Fuente de Canaletas, de la que dicen que si bebes de ella volverás a Barcelona sí o sí. Y desde luego que volveré, eso es algo seguro.


A estas alturas del día nuestros estómagos empezaban a gruñir de hambre, así que continuamos en busca de un buen sitio donde comer y de paso nos encontramos con una de las cosas que más ilusión me hace en este mundo: ¡EL MAR! Adoro el mar, ver el movimiento de sus aguas, la luz del sol reflejada en ellas, pasear por sus playas... Me encanta desde siempre (aunque, curiosamente, odio bañarme en él), así que no pude evitar pararme un buen rato para hacer fotos y vídeos. ¡Era la primera vez que veía el mar desde agosto! Demasiado tiempo para mí.


Pasado mi momento guiri, visitamos brevemente la famosa estatua de Colón señalando al horizonte y después fuimos a recuperar energías a un centro comercial de la zona. ¿Nuestro destino? UDON. Es un restaurante de comida japonesa del que siempre salgo satisfecha y con la tripita bien llena, así que nos sentamos en la barra y empezamos no a comer, sino más bien a devorar los platos que iban llegando. Y ya de paso, a hacer el tonto con los espejos un poco.

A la izquierda, corral chicken yakisoba. A la derecha, mis amados gyozas.
Después de comer empecé a ser consciente de que, por mucho que no quisiera, se acercaba el fin de mi viaje. Esa misma tarde salía mi tren de vuelta a Madrid, pero aún nos faltaba un lugar que visitar antes de volver al piso de Noe para recoger mis cosas: el gran icono de Barcelona, la Sagrada Familia.


Fuimos hasta allí andando, pero estábamos lejos y para cuando llegamos ya había caído la noche sobre nosotros. Eso no impidió, sin embargo, que quedara completamente impresionada por el edificio que tenía frente a mí. La Sagrada Familia es inmensa y está repleta de detalles allá donde mires: su fachada, sus torres, las esculturas que adornan sus paredes, sus ventanales... Es imponente, magnífica, con detalles cuidados al milímetro... Y todo ello sin estar terminada. Sólo digo que ojalá pueda verla una vez esté completa, porque debe ser aún más fascinante de lo que es a día de hoy (que no es precisamente poco).

Y entonces, tras ver la gran maravilla catalana, comenzaba el fin de mi viaje. Ya con la inminente despedida en el aire, volvimos al piso de Noe y À. y nos dedicamos a charlar un poco, hacernos fotos y viciar un rato al Mario Kart mientras se acercaba la hora a la que saldría mi tren de vuelta a Madrid.

Atención a la manta de sirena. Demasiado maravillosa.
Y finalmente llegó el temido momento: la hora de decir adiós. Con toda la tristeza de  mi corazón, cogí mi maleta y me despedí de su precioso piso (literalmente, hay un vídeo como prueba de ello). Llegamos a la estación con tiempo, así que aproveché para darles las gracias una y otra vez por haberme acogido en su casa y por haberme regalado dos días maravillosos a su lado. Porque sí, fueron dos días, pero yo los sentí como si hubiese vuelto a vivir. 

Como decía al principio de la entrada, enero ha sido un mes muy, muy malo. Emocionalmente he acabado machada, arrastrando problemas de meses anteriores y sintiendo que se me venía el mundo encima. Sin embargo, Noe, À. y Barcelona se convirtieron en un pequeño oasis entre tanto problema. Dieron un poco de color a esos días tan grises y, sobre todo, me dieron la oportunidad de volver a ser yo misma. Creo que nunca seré capaz de expresar lo agradecida que me siento por aceptarme como lo han hecho: sin condiciones, sin "peros" que valgan. Simplemente me dejaron ser yo, algo que hacía mucho que no podía permitirme, y ese es, sin ninguna duda, el mejor regalo que me ha dado Barcelona.

Gracias por esos días a Noe, a À, y a todos los que nos mandásteis mensajes comentando nuestros stories o hablando en nuestros directos. Volveré a Barcelona, ya lo creo que volveré.



(P.D: Os recomiendo muchísimo pasaros por el blog de Noe, donde habló de este viaje hace unas semanas. 
Os prometo que no os arrepentiréis ;)